Archivo de la categoría: Julián Salvi

Un grado de lo más exagerado

A Valeria Dávila, que nos inspiró

con su cuento “La familia de Pablito”

(en: El afinador de mosquitos, Sigmar, 2011)

Ilustración de Lorelyn Medina: http://es.123rf.com/profile_lenm


Hay veces que en un mismo grado se junta todo. La más estudiosa y el más vago. La súper charlatana y la recontra enamoradiza. El mayor mentiroso de la historia y el hiper distraído. Y la más golosa, porque en eso a Florencia no le gana nadie.

Es tan pero tan golosa que el kiosco de la vuelta de su casa tuvo que cerrar porque lo dejó vacío. Es tan pero tan, tan, tan golosa que en una semana engordó como un elefante y en la siguiente, como todo el planeta Tierra junto. Y fue de verdad increíble, porque por sus piernas subían los barcos y sobre su cabeza pasaban los aviones. Dice que pudo mirar de cerca la Muralla China y que se le enfriaron los pies en el Polo Sur.

Y eso no es todo. Porque Florencia es tan pero tan, tan, tan, tan, tan, tan supergolosa que se comió el kiosco de la escuela y, como tiene digestión lenta, recién al tercer día escupió a Juan, el kiosquero; y al cuarto, el toldo.

Es tan pero tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan, tan requete golosísima que cuando fuimos a la plaza y vio al vendedor de pochoclos se le hizo agua la boca: en menos de una hora se juntaron 3000 ml. de baba y tuvieron que rescatarnos a todos en canoa.

El caso de Agustín es muy distinto. A él no le gustan tanto las golosinas, o por ahí ni siquiera se da cuenta de que está cerca de alguna. Porque Agustín es tan distraído, que una vez se desvío 1.000.000.001 cuadras de la escuela por andar pensando en cualquier cosa. Sigue leyendo

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El cohete miedoso (y mudo)

Collage realizado por Julián Salvi especialmente para esta historia.

Unos hombres se dirigían a la luna en un cohete espacial  y vieron a  unos extraterrestres. El cohete espacial también los vio, porque era una máquina muy inteligente.¡Y miedosa! Salió disparado para cualquier lado. Los hombres querían volver para ver a los extraterrestres, pero el cohete no los dejó y se volvió al Planeta Tierra.  

Los astronautas no pudieron ni siquiera sacar una foto, así que nadie les creyó. El cohete tampoco dijo nada. ¡Obvio, los cohetes no hablan!

JULIÁN SALVI (6 años)

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